Con motivo de las extendidas protestas que el nuevo presupuesto para las universidades públicas ha generado cabe retomar la discusión sobre la libertad de elegir del venezolano y sus repercusiones sobre el tema de la educación superior.
¿Es el venezolano promedio libre de elegir su educación universitaria? Tomemos el caso de un aspirante a ingeniero en la UCAB. Para costear sus estudios universitarios en esa casa de estudios, un estudiante necesita de 14.335 Bolívares anuales. Con un salario mínimo de aproximadamente 1.200 Bolívares mensuales, consecuencia de décadas de mala dirección económica del país, de no recibir ayuda económica, la UCAB es una opción poco accesible para los venezolanos de pocos ingresos. Este es el mismo caso de la mayoría de las universidades privadas del país, cuyos costos oscilan alrededor de esta cifra.
Alguien podría decir “¡Pero existen universidades públicas y gratuitas!”, lo que nos conduce a la pregunta ¿Es este el mejor sistema posible para garantizar igualdad de oportunidades para el acceso a la educación superior? Para saberlo necesitamos investigar cuánto gasta el estado por cada alumno que estudia en una universidad pública. Analicemos el caso de la Universidad Simón Bolívar: de acuerdo a su página web, la USB alcanzó los 12.424 estudiantes en 2007. Con un presupuesto anual para 2009 de 318.739.547 Bolívares, un simple cálculo nos arroja la cifra de 25.655 Bolívares anuales por estudiante.
¡Con estos cálculos, muy rudimentarios por cierto, podemos llegar a la conclusión de que la USB gasta casi el doble de dinero por estudiante que la UCAB! Podemos esperar resultados muy similares para otras universidades públicas; después de todo, las instituciones del estado no son precisamente paragón de buena administración ¡Ni en nuestro país, ni en ningún otro!
Antes de que un lector grite espantado ante las posibles conclusiones de este razonamiento, podemos adelantar un tema de reflexión: ¿Qué pasaría si el estado dejará de subsidiar directamente a las universidades y comenzará a subsidiar los estudios de sus ciudadanos más pobres? Entonces los venezolanos verían que sus posibilidades de estudio se ampliarían de forma significativa: ya no estarían limitados a elegir entre aquellas propuestas que ofrece el estado, sino que también podrían elegir estudiar en una universidad privada, siendo su cuenta pagada a aquella con “Bouchers” que el estado proveería para uso exclusivo en educación (pensemos en “Cesta-tickets” educativos). Además de ampliar significativamente el rango de elección para la educación superior de los venezolanos de menores recursos, tendríamos una ventaja más: las universidades públicas tendrían que competir, por primera vez en la historia de Venezuela, en clara igualdad de condiciones ante sus alternativas privadas. Ante la competencia se verían obligadas a mejorar sus servicios, mejorar su administración, lo que enriquecería aun más la libertad de elegir del venezolano y traería una nueva era de calidad y oportunidades más iguales para nuestra educación.
martes, 15 de marzo de 2011
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